Una fiesta en Vaylats (France)

Los 19 y 20 de agosto

se vivieron en Vaylats (Francia)

unas jornadas de amistad

de las Hermanas con los niños,

los jóvenes y los adultos.

Hna Thérèse, que tiene 99 años,

nos comparte lo vivido en ese tiempo festivo.

“¿Cómo relatar una vez más esa fiesta tradicional que se vive desde varias décadas y que parece presentarse siempre con el mismo esquema?

Sin embargo, si queremos ser honestos, tenemos que decir que cada año se vive en un ambiente diferente, primero por la preocupación meteorológica: ¿tiempo ideal? ¿chaparrón inesperado que viene a desordenarlo todo en el último momento? Pero, una vez más, hemos disfrutado de una temperatura suave, de un cielo puro con un azul intenso, de noches serenas que los niños apreciaron bajo las tiendas…

 

Esa veintena de niños

hacen una parada tradicional

animada por un actor cristiano.

 

 

Lo ayudan unos jóvenes estudiantes, antiguos participantes de la parada de la que guardan un recuerdo tan bueno que quieren salvaguardar la tradición. Ellos nos dieron la sorpresa de una linda velada ofrecida a las religiosas, a la gente de la aldea y a los veraneantes.

Durante esa velada, la animación tuvo un sabor especial por la elección de cantos bien adaptados al tema: “Tomar el tiempo de…” y por la variedad de la presentación favorecida por una adecuada participación de los niños implicados y felices de cooperar, con incluso un rápido juego de magia.

 

La exposición misionera, la pusieron por obra unas señoras voluntarias generosas y disponibles: no se puede sino reconocer su buen gusto, el arte, la variedad de la presentación, la acogida de los clientes en los momentos de afluencia como en los más calmados en los que se podía dialogar libremente con los compradores habituales.

En la misa de clausura, los niños de la parada llevaron los numerosos paneles que presentaban sus investigaciones y sus descubrimientos. Ellos merecieron nuestra admiración como los modales irreprochables incluso de los más pequeños.

La asamblea numerosa se mantuvo silenciosa en la sombra de grandes árboles donde un sol indiscreto venía lentamente a molestar a unos pocos, y los sacerdotes amigos rodeaban a nuestro joven obispo. En su homilía, basada en el evangelio del día, él supo asociar la tenaz insistencia de la Cananea con la larga fidelidad de la vida religiosa, sin olvidar de mencionar a las 5 jubilares: situaciones diferentes, misma fe y confianza.

¿Todo terminó? No, juntos nos refrescamos durante el cóctel de la amistad en que nos decimos: ¡Hasta el año que viene! Sería una lástima privarse de una tan agradable oportunidad donde cada uno expresa lo mejor de sí mismo en un ambiente fraterno, sereno y apaciguador.”

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