En este mundo que Dios ama!

Tal ha sido el tema compartido por la Hijas de Jesús y Asociados de la Vice Provincia de Rimouski en 2012-2013. Solange Cavanagh hj, nos transmite lo esencial de la experiencia vivida.

 

Dos preguntas al iniciar la reflexión:

Deux questions à prévoir:

  • ¿Cuales son la nuevas avenidas o los nuevos caminos surgidos del compartir y de la reflexión del tema del año? ¿A donde nos llevan?
  • ¿Cuales son los acentos que tendríamos que privilegiar durante el año que viene y los siguientes años?

 

Para seguir con la relectura

Según la relectura que hicimos en Mayo, es cierto que nuevas avenidas y nuevos caminos se han abierto delante de nosotros.

Sin embargo, por lo esencial, seguimos sintiéndonos responsables del futuro de nuestro planeta. (Los cambios climáticos que experimentamos de una manera u otra nos lo recuerdan.) Experimentamos una nueva toma de consciencia frente a nuestra aportación a su destrucción como a su revitalización.

Nuestra relación al agua, a la tierra, a las energías no renovables ha sido trasformada. Ha llegado a ser no solamente un deber de supervivencia personal y colectiva, sino también un deber de justicia.

Este mundo que Dios ama, lo admiramos por su belleza, esencial a nuestra felicidad. Digno de acción de gracias. Pero también, nos damos cuenta, de la fragilidad de su equilibrio. Los abusos de parte de unos tienen repercusiones sobre los demás. Hemos sido conducidos a cambiar nuestra mirada, nuestras costumbres de vida frente al medioambiente.

Indudablemente, el mayor cambio que hemos sentido es el llamado a integrar en nuestra experiencia espiritual el cuidado que hacemos de nuestro medioambiente. Nuestra relación a la creación no es una nueva virtud que debemos practicar, es el nuevo nombre de la caridad fraterna, del amor hacia nuestro prójimo, de la justicia. Es una nueva manera de honrar a la Humanidad Santa de Jesús y a la vez de honrar a toda la humanidad. Nuestra espiritualidad busca un nuevo equilibrio entre nuestras acciones personales y sus repercusiones sobre las personas y el planeta en su conjunto.

Tejemos nuevos lazos de fraternidad a través de un compartir mas equitativo, una solidaridad más concreta. Cuidándonos los unos hacia los otros aprendemos a despojarnos de nuestras habituales seguridades para comprometernos en una nueva experiencia de compartir y de respecto hacia los demás.

Permanecer atentos, respectar la naturaleza, tener cuidado del planeta, reciclar, realizar gestos sencillos en lo cotidiano, llega a ser una manera de vivir el amor hacia el prójimo hoy. También abre puertas para las futuras generaciones.

Un modo de amar a la manera de Jesús en este mundo que Dios ama.

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