Momentos cargados de emoción y de reconocimiento

Durante los primeros meses de confinamiento, cinco de nuestras Hermanas en Canadá se fueron hacia la Casa del Padre. Por las normas del Ministerio de Salud, no se ha podido celebrar los funerales. Fue difícil vivir esa prueba. El 28 de julio pasado, hemos participado en una celebración comunitaria lo que nos ha vuelto a dar esperanza y paz. Un grupo de Hijas de Jesús nos dicen lo que ellas vivieron durante ese acontecimiento.

Una celebración de despedida, preparada por la Hermana Solange Mailloux, superiora de nuestra casa Vice-Provincial, nos permite decir adiós a nuestras Hermanas Laurette Lévesque, Gabrielle Labrie, Marie-Anna Roy, Yvonne Cyr y Laurette Rioux.

Entrando en la capilla, el entorno lleno de sencillez nos llama la atención: cerca del retrato de cada hermana se depositó la urna de ella y frente de esa la cruz de Cristo, símbolo de nuestro compromiso religioso. Eso nos recuerda la importancia de la unidad fraterna vivida juntas. Es el » ámense los unos a otros como los he amado» (Jn13, 34)

Durante la celebración, la lectura de la necronología de ellas nos revela el secreto de lo vivido en su misión apostólica y de su vida de oración.

 

Testimonios

 

Después de la lectura de los hechos descatados de la vida de cada Hermana, podemos expresar lo que nos ha marcado de ella. Para las unas y otras hemos descatado la creatividad, el servicio amoroso, la vida escondida, la acogida calurosa, el abandono total frente la voluntad de Dios, la armonía , la serenidad, la alegría, la profundidad de la vida interior y el silencio. Las estrofas del canto «Il restera de toi» de Akepsimas et Mannick parecián adaptados para cada persona.

Era emocionante escuchar esos testimonios. Las bellas rosas que depositamos cerca de cada retrato, es el símbolo mismo de su vida cumplida.

Valores compartidos: Una herencia

 

Todos esos valores evangélicos que han marcado la vida de cada una, nos revelan mujeres fuertes y valientes. Cruzaron con coraje los momentos difíciles de su vida y también los de la gente cercana. Con creatividad hicieron fructificar los numerosos talentos recibidos del Señor para avanzar más allá y dar siempre más.

Comprometidas y voluntarias en distintos organismos, ellas van hasta el final del don de ellas mismas lo que demuestra su determinación de cumplir «la voluntad de Dios». Su alegría comunicativa les hacía simpáticas a los ojos de las gentes con quienes trabajaban.

El lema de una de ellas: «siempre sirvo» nos recuerda la importancia del número 15 de nuestra Regla de Vida, lo a que nos hemos comprometido como Hijas de Jesús.

Cantando el «Magnificat» podemos decir adiós a nuestras hermanas. ¡Que descansen en paz y alegría con su Amado!

El día siguiente, por las circunstancias que limitan la asistencia en la iglesia, algunas Hijas de Jesús acompañan a los familiares quienes hacen sus últimos adiós a sus «queridas desaparecidas». Todas nosotras, Hijas de Jesús, vivimos ese momento en profunda comunión con ellas.

 

 

Un grupo hj, Rimouski, Canadá

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