Homilía (Hijas de Jesús, Kermaria, 13 de julio 2015)

(Lecturas: Ef 1, 3-14 ; Mc 6, 7-13)

Esta homilía será especial, tejida por dos voces, para hacer resaltar una oraciRencontre internationaleón trinitaria del papa Francisco con motivo del año de la Vida Consagrada, como un eco al evangelio (Mc 6,7-13). Bello evangelio que nos invita a dejarlo todo en base a la palabra de Cristo. Bello evangelio que nos lleva a preguntarnos sobre el sentido de nuestra elección que hemos hecho de consagrarle todas nuestras energías, las de amar, las de vivir.

Parole de Dieu La vida consagrada son rostros. Sus rostros. Los rostros hablan. Pueden revelar nuestras edades, pero hoy, con la diversidad de nuestras culturas, de nuestros enraizamientos, de nuestras pasiones, revelan sobre todo una alegría más fuerte que todas nuestras razones para, preocuparse frente al futuro. La pregunta fundamental para Uds. hoy, no debería ser únicamente saber cuántas serán dentro de veinte o cincuenta años sino reconocer que aquí y ahora, Uds. viven de la promesa de Cristo. Bajo distintas y múltiples maneras, comunitarias o personales, ya sea con buena salud, con una pérdida de autonomía o enfermas, están unidas, entrelazadas al corazón de Dios, de este Padre de los cielos, quien, por medio, de su Hijo, se compromete a permanecer con nosotros y en nosotros. El lindo cántico de San Pablo en la carta a los efesios no dice otra cosa: “Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo…La riqueza de su gracia que Dios derramó sobre nosotros con gran sabiduría e inteligencia…. Dios quiso que viviéramos para alabanza de su gloria, nosotros los que tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo”

Una religiosa: Tú, Padre, que en tu proyecto gratuito de amor nos llamas, en la estabilidad o en la itinerancia, a buscar tu rostro en el Espíritu, haz que seamos memoria tuya: se fuente de vida en la soledad y en la fraternidad, para que podamos ser, en nuestro tiempo, reflejo de tu amor.


Al igual que en el Evangelio, crean primero en la gracia: “Dios quiso que viviéramos para alabanza de su gloria”. Ahí está el secreto de cada una de Uds. Aprendan, a veces de una manera dolorosa, a no preferir sino el Amor de Cristo. Sin embargo seamos honestos: esa preferencia casi siempre pasa por un combate, un combate pacífico que nos abre y por nosotros abre el mundo al Reino de Dios.

Más que nunca ese combate es esencial para la Iglesia. Ese combate viene a despertar la Iglesia desde lo interior. Sí, se debe saber mejor que a través de sus estructuras, de sus grupos, des sus servicios, la Iglesia vive del Amor de Dios y que tiene que cultivar en ella una cierta impaciencia del Reino de Dios, a donde las leyes del mundo no intentarán más a deshumanizarnos.

Por eso, en el corazón y en lo profundo de la vida consagrada está esa impaciencia, ese fuerte deseo, deseo puro de no retirarse del mundo, sino de estar en el mundo para llegar a ser signos vivos de la novedad de Dios.


Una religiosa: Cristo, Hijo de Dios vivo, que caminabas por nuestras calles casto, pobre y obediente, compañero nuestro en el silencio y en la escucha, mantén en nosotros la pertenencia filial como fuente de amor. Haz que vivamos el Evangelio del encuentro: ayúdanos a humanizar la tierra y a crear fraternidad, llevando las fatigas de quien está cansado y no busca más, la alegría de quien espera, de quien busca, de quien custodia signos de esperanza.

Al igual que en el Evangelio, acepten correr riesgo: ¡Sí, arriesgase “despertar el mundo”, como se lo pide el papa Francisco! Muestren que su manera de vivir no es un retirarse sino un compromiso profético. Ahí está el sentido de la pobreza, de la castidad y de la obediencia: no son obligaciones sino llamados para una vida nueva.
Sí a una pobreza que se expresa con el compartir. Es una manera de resistir a la ley de los cálculos y de las competencias. Sentirse despojado es llegar a ser libre para vivir de la caridad de Cristo que no se mide. Es poder estar al lado de los pobres que encontramos en nuestros caminos y aprender con ellos que el amor que se da y se recibe, no se calcula jamás.
Sí a una castidad que nos libera de nuestros instintos posesivos, que nos desata de nuestras pulsiones, del dejarse llevar por las pasiones o los sueños. Poco a poco alivia nuestros cuerpos y nuestros corazones.

En cuanto a la obediencia, nos impide darse a uno mismo a su misión y esa obediencia viene a sacudir las relaciones de poder y de sumisión las cuales muy a menudo prevalecen en nuestra sociedad.
Señor, tú nos conoces. Tú sabes cuales son nuestras resistencias, nuestras inercias, nuestros miedos. ¡Danos el ánimo para que podamos vivir esos combates interiores que nos permiten participar activamente, en carne propia, al crecimiento de tu Reino por medio del misterio pascual de muerte y resurrección!

Una religiosa: Espíritu Santo, Fuego que ardes, ilumina nuestro camino en la Iglesia y en el mundo. Danos el coraje del anuncio del Evangelio y la alegría del servicio en la cotidianidad de los días. Abre nuestro espíritu a la contemplación de la belleza. Custodia en nosotros la gratitud y la admiración por la creación, haz que reconozcamos las maravillas que tú realizas en todo viviente.

Al igual que en el Evangelio, esfuércense para volver a hacer los gestos de Jesús: Sí Señor, danos la alegría de entender que más allá de los cálculos, o las cuentas, esas vidas entregadas, sus vidas entregadas a Cristo y a su Cuerpo son fecundas, si, fecundas de una fecundidad escondida, que puede tomar la forma de un amor fraterno, al igual que materno o paterno.
Y si Uds. no lo ven, les aseguro que otros lo miran. Pero no sabrán o no se arriesgarán a decírselo. Quiero ser la voz de ellos y su testigo. ¡Sí, Uds. mismas son semillas de vida y de resurrección! Lo son por su vida de mujeres, lo expresan por sus compromisos en el mundo, en los lugares de fracturas o de cuestionamiento de nuestras sociedades a donde saben estar, manifestándolo por su carisma muy actual “Honrar la Santa Humanidad del Hijo de Dios” y lo despliegan por su vida de oración a donde llevan o nombran a personas confiándolas al Señor y los santos y santas que son de sus amigos. La oración, también, es un gran lazo de amistad.
Y además, están los gestos de la vida cotidiana, las visitas, los encuentros, los momentos de escucha y todo el arte de percibir lo que hiere o lo que agrada, esa presencia difusa a nuestra humanidad que tenemos en común. A cada una, más allá de una gratitud personal, en nombre de toda la diócesis, de todo corazón puedo decir que Uds. Son reconocidas por Dios, quien en este momento de encuentro y de la eucaristía nos permite reconocerle a Él como fuente de nuestra alegría y de nuestra esperanza. María, Madre del Verbo, cuida nuestras vidas de consagradas para que la alegría recibida de la Palabra llene nuestra existencia y a partir de tu invitación a realizar lo que el Maestro dice (Cf Jn 2,5) hágase de nosotros los interpretes ingeniosos del anuncio de tu Reino.

Padre Maurice Roger, vicario general (Diócesis de Vannes)

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