Escoger la vida en la renuncia o el despojo

El despojo y la renuncia son esenciales en nuestras vidas. Francine Giguère, asociada del grupo «Yvonne Forget» de St. Boniface, (Vice provincia de Trois-Rivières, Canadá) nos comparte su experiencia.


mars2014 11 - Copie

El despojo impuesto duele

Cada día, vivimos pérdidas, a veces de repente, a veces vienen tranquilamente a lo largo del tiempo. Es muy difícil y desagradable. Frente a un despojo, lo admito, es más fácil rebelarse que aceptar. Nos desesperamos, pasamos por muchas gamas de emociones negativas. Ante todo, somos humanos, caemos y cuesta levantarnos.

Por suerte, con la fe en Dios, podemos despejarnos y abandonarnos en Sus manos. Por su voluntad, su gracia, su divino poder y con nuestros esfuerzos personales, recobramos nuestra dignidad y un nuevo soplo de vida para seguir adelante.

La renuncia voluntaria

Después un cierto retiro, precedido por la oración y la meditación, la renuncia voluntaria nos aporta sentimientos positivos. Esta sensación regeneradora nos da vida, serenidad y un sentimiento de bien estar. Tomo consciencia que renunciando a falsas necesidades, tengo más tiempo y espacio.

Escoger la vida o dejarse morir

A veces, el despojo es tan exigente que se encuentra una sola solución: terminar con todo para no sufrir más. Perder lo más precioso que tenemos es un golpe muy duro que la vida nos trae. Algunas veces podemos superar la situación, pero otras veces, es demasiado intenso, va más allá de nuestras capacidades.

Un día, viví una gran pérdida. Me puse de rodilla. Desorientada, aniquilada, levanté los ojos hacia el cielo y grité: “Señor, que quieres que haga?” La oración fue mi primera salvavidas, junto con el apoyo de mis amig(o)as y familia. Mis hijos fueron la razón de mi lucha. Por ellos, escogí la vida; el amor de mis hijos es más fuerte que la muerte. Entregué mi vida a Dios y El no me abandonó. Él tenía una visión, un plan para mí. Para quedarme de pie, tenía que estar a la escucha, ser paciente y tener fe en su amor.

La mano en la de Cristo, fiel compañero

Tomando distancia, nuestra vida retoma sentido. Nuestros valores cambian y nuestros gestos llegan a ser más benevolentes y desinteresados. Somos los primeros ganadores de este cambio. El Señor reconoce el amor verdadero. Damos pero muchas veces, el Señor nos devuelve sin límites.

Hoy, después muchos años, tengo que afirmar que la visión y el plan de Dios fueron el camino más bonito para mi evolución espiritual y mi felicidad. De este despojo, se puede hacer un camino hacia el Reino, la mano en la de Cristo, fiel compañero.

«Por esta toma de consciencia, Señor, ayúdame a guiarme en tu ruta para que al fin de mi vida, pueda dejar en herencia el amor que Tú mismo me has regalado para que yo lo devuelva. Amén»

 

1 Comentario

  1. Gracias Señora Francina. Su vivencia enriquece mi experiencia cuaresmal y me invita a ver los despojos de una manera mas esperanzada, sabiendo que siempre que nos abandonemos en Dios tendremos su amor que sostiene y nos guia verdaderamente hacia lo mejor para nosotros.

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