ENVEJECER, “Mi vida, un puñado de días…”

El autor, Martin Gray, escribió en “Libro de la Vida” : “Como el sol, la vida describe una curva. Un día empieza a debilitarse. Hay que prepararse a ese tiempo.”


photo Alice Trottier3

Fui receptiva a la vida. Todo es cambio y todos los cambios que me ha presentado la vida, durante noventa y un años, me exigieron constantemente transformaciones a nivel moral y síquico, donde Dios lentamente me desnudó. Unas experiencias me marcaron más profundamente, yo diría brutalmente, como esa noche del 18 de septiembre 2012. Después de haber llamada mi vecina de cuarto, traté de bajar de la cama y tuve un síncope. Estaba como un bulto, pesado, difícil a levantar. Los de la ambulancia tuvieron que llamar a dos bomberos y me llevaron al hospital de las Hermanas Grises. Durante una semana me guardaron bajo observación.

Este amargo incidente pone fin a una bella semana con la presencia de mi hermana Françoise, de Victoria, de visita en la comunidad. El 25, sin poder regresar en mi comunidad de Maple Tree en Edmonton, tengo que aceptar de quedarme en el Centro Providencia, en la enfermería de las Hermanas de la Providencia. Es ahí que me espera Dios. Es una transición de lugar y de vida, de una manera definitiva, abrupta y penosa. La disminución de mis capacidades físicas me indica que no tengo suficientes fuerzas para hacer lo que desearía hacer. La vejez es la edad del consentimiento et de los renunciamientos.

Acoger la vida!

Pero no hay que olvidar que siempre está la vida… Lo esencial es de escoger vivir esos últimos años con serenidad y confianza en Dios quien me habita.

El gusto a la vida, yo lo descubro en el silencio, la soledad, la oración. Un día Juan Pablo II decía: “Las personas de edad, por su sabiduría y su experiencia, … están en una fase de gracia extraordinaria y se abren sobre ocasiones inéditas de oración y de unión con Dios.” mains

También el gusto de la vida existe con la presencia a los demás, donde puedo encontrar la solidaridad, la afección, el calor de las relaciones, el compartir de los antiguos recuerdos. Encontré la compasión… Necesitamos compasión… Con ella queremos las personas por lo que ellas son y pueden llegar a ser. Habitualmente la gente quiere a los ancianos jóvenes. Dejarse habitar por la alegría y resplandecerla, es un apostolado.

“… ejercitarnos para vivir con esperanza, a la manera de Jesús, en su misterio pascual.” (Actas del Capítulo, p.9)

Alice Trottier, h.j., Edmonton (Canadá)

 

1 Comentario

  1. Gracias por su compartir, por su testimonio de una vida transformada en el amor de Dios!

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