Unas Hijas de Jesús dan testimonio de su presencia con ocasión de la celebración de los 50 años en Chile

En la celebración de los 50 años de presencia de las Hijas de Jesús en Chile estaban presentes francesas y canadienses quienes trabajaron en esa tierra. Ellas dan testimonio.

 

En Tucapel, «la casa de las Hermanas» ha vuelto a ser Clínica medical al servicio del pueblo.

Cuando en los años 1968-70 tomábamos posesión de nuestra casa en Tucapel, Hermana Rachel Boutin, de 91 años de edad ahora, prestaba servicio como enfermera en una pequeña pieza donde no cabía ni un catre. Acompañaba a las personas debilitadas, daba los primeros auxilios y visitaba a los enfermos.

Después de algunos años, la Congregación y el Hospital de Huepil pueblo situado a 6 kilómetros de Tucapel, juzgaron oportuno que Rachel pudiera extender sus servicios de enfermería y le confiaron un horario diario completo en el Hospital de Huepil.

 

Las Hermanas dejan sitio a los laicos

Después de varios años, las hermanas dejaron Tucapel. La casa se transformó en un Centro de Salud donde llegan cada día médicos especialistas para atender a la gente de la Región. La Municipalidad lo administra, pero al principio para operar los cambios, los Associados fueron voluntarios activos, concretando así su compromiso apostólico.

Así, de un pequeño local médical «privado» donde trabajaba Hermana Rachel, la casa llegó a ser un Centro de salud Regional. Una ampliación recibe cada día un grupo de personas de edad para diversas actividades de formación, distracciones, espiritualidad.

 

Un monumento simboliza la presencia de las Hijas de Jesús.

 

Con ocasión de los 50 años de la llegada de las Hijas de Jesús, un monumento fue erigido en la entrada, con la llama apostólica del carisma y el nombre de todas las hermanas que vivieron en Chile. Así el grano sembrado en tierra hace 50 años ha producido un árbol dando frutos de salud, alegría y fraternidad para toda la población.

 

Lucie Larouche f.j. Trois-Rivières, Canada

 

Grandes cambios

 

. De la dictadura hacia la democracia, hacia la paz

. De la pobreza a los proyectos sociales para el bienestar de los empobrecidos.

. De pocas hermanas Hijas de Jesús a numerosos laicos asociados.

 

Y mucho mas tovadia :

 

. Unas compañeras siempre enamoradas de Jesús con el pueblo tan acogedor, con los pequeños tan valientes, humanizando a la manera de Jesús y dejándose humanizar.

. Unos asociados verdaderamente enraizados en la espitritualidad de las Hijas de Jesús y comprometidos a fondo en la misión de » Honrar la Santa Humanidad del Hijo de Dios».

. Unos amigos fieles, a pesar de tantos años después de nuestra salida.

 

 

Accion de gracias por la vida

 

¡Que alegría de celebrar juntas en Tucapel, en Chillán y en Santiago los 50 años de presencia misionera de las Hijas de Jesús.

Gracias a cada persona por tanto amor dado generosamente para que la fiesta cante sin cesar en nuestros corazones y deje un recuerdo inolvidable.

Como lo decía una compañera de Chile:» Parece que nunca se habían ido».

Verdaderamente es lo que sentí y he vivido en «su casa» que queda todavía «mi casa».

 

Madeleine Lambert fj, Trois-Rivières, Canada

 

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Dios presente en nuestros caminos

 

Haber tenido la oportunidad de volver a Chile tres años después de mi vuelta definitiva a Francia para vivir la celebración de los 50 años de presencia de la Congregación es primero un acontecimiento que siento como una gracia del Dios que guía cada día nuestros pasos y nos acompaña en todos nuestros caminos.

 

Unos vínculos perduran a pesar de las distancias

 

Esta estadía de casi tres semanas me confirmó que, a pesar de la lejanía geográfica y el hecho de enraizarse de a poco en otro contexto, los lazos profundos tejidos con las personas por medio de la misión no se rompen. Es con mucho gozo que vi de nuevo a las Hermanas Hijas de Jesús que están en el país y a otras de distintas congregaciones como sacerdotes y laicos comprometidos que siguen la tarea cuya era yo parte, los asociados a la congregación y amigos desde la primera hora.

 

Me siento «en mi casa»

 

Hemos compartido sobre la evolución de las cosas en estos tres últimos años. Me había quedado en contacto usando distintos medios pero nada equivale a una conversa en que sin muchas palabras nos entendemos por lo que se vivió juntos anteriormente. Tuve varias veces la sensación de que nos habíamos dejado de ver en la víspera. Agradezco a todos los que me hicieron sentir que todavía estaba “en casa” en esta tierra donde los 25 años pasados están vivos en gran parte todavía.

 

Marie Noelle Christien, fj, France

 

Alegría de los reencuentros

 

¡Qué buenos momentos viví en Chile después de estar durante 30 años fuera de ese país!

Fueron gratos el reencuentro con las Hermanas: Louise, Maggy, Adriana, Noëlle y el paso por los lugares recorridos en otra época a pie, en bicicleta, en bus y en tren. Grande fue mi gozo de visualizar las mejoras de las casas, de las carreteras, de las infraestructuras.

Mi misión principal era la pastoral juvenil. Tuve la alegría de ver de nuevo a muchos que en aquel entonces eran jóvenes y ahora son adultos: sacerdote, padres, abuelos, asociados, célibes. Grande fue mi gozo de escuchar su recorrido de vida, de escuchar sus compromisos en el trabajo, la familia, la parroquia, los barrios.

 

¡Qué recuerdos!

 

Expresaron claramente su gratitud por lo que aprendieron y vivieron durante su juventud. Grande fue mi sorpresa de poder llamarles por su nombre, de recordar los lugares y circunstancias en los que nos conocimos e hicimos juntos una parte del camino.

Como siempre, valoré la sencillez, las relaciones calurosas, las invitaciones a sus casas, el compartir de una comida, los intercambios sobre su vida actual, sus proyectos, su sentido de la fiesta y el recuerdo de su juventud.

 

Unos guiños de Dios

 

Hubo también unos guiños de la Providencia, – no tengo ganas de hablar de casualidad. Mientras caminaba por una calle, mi ahijado, bautizado en una edad adulta, se acercó a mí y me reconoció. Yo pensaba tener la posibilidad de verlo de nuevo, ya que no tenía su dirección ni su número de teléfono. Otro día me encontré con el obispo de aquel tiempo, ahora emérito. Estaba de paso…

 

Marie-Andrée Le Mouël, fj, France

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