Un cuento en dos partes

 

Las Hermanas de la Provincia de Inglaterra de las Hijas de Jesús nos cuentan cómo lograron subrayar aniversarios importantes a pesar de las recomendaciones actuales.

 

Tomen tres jubileos de platina, otro de 75 años de vida religiosa y un centenario que celebrar. Pónganles frente a una pandemia, a un confinamiento en comunidades separadas por centenares de kilómetros, y podrían perdonar a las Hermanas de la Provincia inglesa de las Hijas de Jesús de haber dicho que era demasiado difícil. Pero, ¡nunca hay que bajar los brazos! Sí, tuvimos que cancelar la tradicional celebración de jubileos que, en tiempo normal, ve a las Hermanas reunirse en Junio. Las celebraciones se dieron sin embargo a principios del mes de Agosto, cada una en su propia localidad y con cada Hermana honrada como se debe. La misma audacia que se mostró con el «Gran picnic de la esperanza», más temprano en el año, ha sido puesto en adelante – un toque apropiado siendo que las Hermanas concernidas tienen cada una un vínculo con la Segunda Guerra mundial en la historia de su vida religiosa.

 

Primera mitad en el Sur

 

Sr Kathleen Clapham Las dos comunidades de Westgate, en el sur-este del país, fueron las primeras el Domingo 2 de Agosto en celebrar las vidas consagradas a Dios hace varios años, en la sombra de la Segunda Guerra mundial. La invitada de honor, ese día era la Hermana Kathleen Clapham, último miembro del “noviciado de guerra” inglés, antes que la formación no vuelva de nuevo a la Casa madre de Kermaría, en Francia. Kathleen se mereció nuestras oraciones y nuestros agradecimientos por sus 75 años de servicio activo que incluye el hecho de haber sido escogida para recibir el “Maundy Money”, un honor de la Reina, por su servicio a la Iglesia local de su región.

 

 

Segunda mitad en el Norte

 

Dos días más tarde, las Hermanas de Peterborough, en el Norte del país, marcaron el Jubileo de platina de las Hermanas Winifred Crowther, Sheelagh Clarke y Monica Wyard, con una misa de acción de gracias, en la Iglesia local de San Lucas, seguida por una celebración. La Hermana Teresa, Provincial, pudo asistir ahí con amigos de la parroquia, aunque la distanciación y las máscaras fueran de rigor. Una vez más, fue la ocasión para recordar largos años de servicio, principalmente en la educación y el trabajo de capellanía. Las Hermanas Sheelagh y Mónica entraron al noviciado por nuestras escuelas en la región sur-este de Londres, mientras la Hermana Winifred vino a la Congregación después de haber sido evacuada de guerra con las Hijas de Jesús en Colne, en el Norte de Inglaterra.

 

 

De izquierda a derecha las Hermanas Elizabeth Fox, Monica Wyard, Teresa McMenamin, Sheelagh Clarke y Helen Ramsay

 

Y de nuevo en el sur

 

Sr Maureen Quinn on her 100th birthday with all her flowers and cards, including one from Her Majesty the Queen ElizabethLa última celebración se realizó una semana más tarde, cuando la Hermana Maureen Quinn celebró su 100º aniversario en Lourdes, la casa de cuidados de las Hermanas Ursulinas en Westgate. Esa vez, tuvimos que esquivar el “encierro” que vio a los residentes de las casas de personas mayores, estrictamente confinados, sin ninguna visita del exterior. La Hermana Maureen tiene un cuarto en el 1er piso que da al jardín. Así la Provincial y dos Hermanas más pudieron visitarla por primera vez desde el 17 de Marzo, aunque fuera sólo para decirle: “Buenos Días y Feliz Aniversario” desde la seguridad del patio.

 

Los visitantes, que habían llevado también las felicitaciones habituales por un 100º aniversario de su Majestad la Reina, eran un elemento más de un día bien lleno. Agradecemos aquí a la Hermana Gwyn de las Ursulinas que nos mandó un informe completo de las celebraciones. Debemos de verdad agradecer al personal de Lourdes de haber hecho ese día tan especial para Maureen. Una bandeja de desayuno adornada y la Santa Comunión en su cuarto reemplazaron un desayuno de fiesta en el comedor. El confinamiento no significa que no pueden tener flores, tarjetas, globos de felicidad, banderolas y una deliciosa comida con los demás residentes de la casa.

 

“¡Todo eso para mí!”

 

Maureen, nos dicen, viene de una familia donde las mujeres vivieron mucho tiempo. Hizo parte igualmente del primer grupo del noviciado de guerra que hizo profesión en 1943 y parece haber guardado el mismo espíritu de combate. El almuerzo del centenario fue seguido de un té de fiesta donde ella apagó todas las candelas sobre un enorme pastel y cortó la primera tajada. El té fue seguido de una cena en fin de la cual ella dijo “¡Todo eso para mí!” y caminó hasta la cocina para agradecer al personal por todo lo que había hecho para ella. Después, para terminar el día, ella miró la televisión y ha sido entre los últimos en acostarse, emocionada por todo lo que se había hecho para celebrar su centenario.

 

Y para unir las dos mitades

 

Dejamos la última palabra a la Hermana Winifred quién habla en nombre de todos los celebrados de jubileo cuando dice a los que entran en la vida religiosa hoy día en un contexto diferente pero siempre turbado:

 

“La herencia que yo quisiera dejar a la generación futura

es de vivir en paz consigo mismo por la oración

y de responder al llamado del mundo por todas partes

donde vivimos nuestro compromiso

para con el Señor por la vida consagrada.”

 

Las Hermanas

de la Provincia de Inglaterra

 

 

 

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