Ante los virus¿cómo fortalecer nuestra célula de base hoy?

En el contexto de la pandemia que atravesamos en nuestro mundo y a la luz de la Pascua del Crucificado, una hermana nos comparte su lectura de la nueva estructura regional bajo la metáfora de las células de base. Y nos acerca a la invitación de Jesús que sale al encuentro de las mujeres y les dice “Alégrense…no tengan miedo, id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán”.

 

Desear entrar en una nueva estructura

 

En el contexto Pascual viene con fuerza el deseo de hace un tiempo de reavivar el mandato misionero, como Hijas de Jesús. En enero pusimos en marcha una nueva estructura que centra su atención en las comunidades locales. A partir de la metáfora de las células de base, células de un organismo vivo, que es la Congregación, se busca renovar la estructura de nuestros encuentros, nuestras maneras de organizarnos, de beber de la fuente. Lo hacemos esto para cuidar la casa común, salir hacia las nuevas periferias existenciales, actualizar el carisma y reavivar el don de la vocación de discípulas. No quedamos solas en estas búsquedas, en este contexto de pandemia, también el mundo pone en marcha una nueva estructura mental.

 

 

 

 

Esta nueva estructura mental nos plantea en poco tiempo, y como bien expresa el padre Francisco de Roux, “gracias a la voluntad política” fue posible tener a todo el mundo en casa, frenar la economía, el ritmo de la vida, los hábitos. Todos en cuarentena, se implementó todo un sistema de cuidado al prever la incapacidad de atender una expansión masiva del virus. Quedarse en casa, cuidarse como un ejercicio de cuidar a los otros, cuidar su sistema inmunológico. Son algunas medidas que han puesto en evidencia otros virus que afectan mortalmente al organismo vivo como es la familia en la que se evidencia la precariedad del día al día, su hacinamiento, su dificultad para estar juntos, su dificultad para organizarse más allá del trabajo. Y lo que pasa a la familia, es un reflejo del virus que ataca todo sistema educativo, las comunidades religiosas, la Iglesia, los sistemas de salud, entre otros.

 

Yo hago nuevas todas las cosas

 

Ante estas evidencias de precariedad, de alto grado de vulnerabilidad, el Espíritu que acompaña a la humanidad inspira nuevas maneras de organizarse. No en vano, la cuarentena coincide con la cuaresma tiempo especial de conversión, de bajar al corazón y revisar los móviles de nuestros pensamientos, opciones y acciones.

 

Así que, este es un tiempo de gracia y oportunidad, en medio del clamor de aquel que tiene hambre, surge todo un movimiento creativo de:

 

  • compartir de bienes, crear espacios de encuentro,
  • ollas comunitarias, otras formas de acompañar,
  • trabajar, de descansar,
  • expandir el sentido del humor, de crear nuevos cantos,
  • ejercitar la reflexión sobre las causas y los efectos de la expansión del virus.

 

Está surgiendo una manera nueva de asumir el lema de la “Iglesia en salida”. Al no poder salir a la calle, tanto como quisiéramos, comprendemos un poco lo que significa salir a las periferias para encontrarse con Dios, con su familia. Como dijo Monseñor Pablo Emiro Salas en Barranquilla, “Estábamos acostumbrados a los encuentros masivos, a las largas procesiones, peregrinaciones, hoy es un tiempo para peregrinar desde el corazón”.

 

 

Seis familias reunidas, mediante Zoom, para orar el ví crucis

 

Jesús sale a nuestro encuentro

 

Ahora la cuarentena es iluminada por la Pascua. Como Hijas de Jesús, El espíritu del Resucitado nos interpela y deja ver cuáles podrían ser los virus que afectan nuestras células de base. Él nos dice de nuevo “Mujeres alegraos, no tengáis miedo ir y decir a mis hermanos que vayan a Galilea que allá me verán” (Mt 28, 10). Hoy podemos contar que nos hizo falta la gente, la tradición, pero encontramos mucho gozo en la manera de poder estar juntas en las celebraciones donde Dios nos habla al corazón de todas y cada una. Es posible afirmar los valores de la gratuidad, del diálogo, la novedad en la manera de acompañar a la gente desde una llamada, un viacrucis virtual, el servicio de ser intermediarias para entregar algunos alimentos. Todas estas son formas nuevas que nos abren a un cambio de estructura pastoral.

 

El tomar más tiempo para orar, ver juntas las noticias, de vez en cuando una película. Aprender a estar juntas, comer juntas, gratuidad, detalles de casa. Esto ha sido reforzar el sistema inmunológico de la comunidad para que pueda hacer frente a los virus del egoísmo, la división, la ansiedad por el sistema económico que nos envuelve en unos círculos mal sanos, de vivir hacia afuera o muy hacia adentro del proyecto personal. Creo que como en las familias nos viene bien aprender a estar juntas, a dialogar en sencillez, a compartir la mesa, lugar favorito de Jesús para compartir la vida.

 

¿Y después de la pandemia?

 

Siguiendo con la metáfora de la célula de base, un sistema inmunológico bien cuidado podrá hacer frente a los virus y células cancerígenas para que el cuerpo congregación pueda asumir en servicio la misión renovada de salir a la calle, bajar a las periferias existenciales sin temor, salir a hacer frente al mundo que encontraremos después de la Pandemia. Seguramente, se requerirá con más fuerza una presencia profética que permita curarnos las heridas, aprender a estar juntos, a salirle al paso a la vida, atendiendo con amor a las víctimas que han quedado endeudadas, desempleadas, con ansiedad e incertidumbre en muchos casos.

 

Con las mujeres de la Pascua caminemos firmes en la cruz, firmes en decidir llevar el perfume que aguarda la esperanza ante la tumba para poder ser testigos de la alegría de la Resurrección del Señor Jesús.

 

Las Hermanas de la comunidad de Cali, Colombia

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