La hermana Irène Kouassi, de Daoukro, en Costa de Marfil, celebra este año sus 25 años de vida religiosa: nos comparte lo que siente en su corazón.
Una parada sagrada
¿Cómo le pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? (Salmo 116).
Estas palabras del salmista resuenan con una intensidad muy especial en mi corazón, ahora que celebro mis 25 años de vida religiosa.
Un jubileo de plata no es una simple mirada al pasado: es una parada sagrada, una sinfonía de agradecimiento por una historia de amor tejida, día tras día, entre la fragilidad humana y la fidelidad absoluta de Dios. Para conmemorar este aniversario, tengo la inmensa suerte de que la Congregación acepte que me una a mis hermanas de Francia para vivir este momento tan significativo. Es un regalo muy hermoso: un regreso a las raíces en Francia, una peregrinación al lugar donde todo comenzó.
En Vaylats

Es la emoción vibrante del primer «Sí».
Mi viaje comenzó con un deseo muy querido para mí: regresar a Vaylats, en el suroeste de Francia. Fue allí, en ese lugar impregnado de serenidad, donde crucé por primera vez las puertas del noviciado. Volver a ver esa casa fue sumergirme de nuevo en el ímpetu y la frescura de mis primeros compromisos.
La emoción me abrumó al rendir homenaje al padre Jean Liausu, una figura espiritual tan importante para mí. ¡Qué alegría tan intensa volver a ver a las hermanas de antaño, aquellas con quienes compartí la vida cotidiana y el trabajo, pero también al personal dedicado que tanto me apoyó! Este regreso a las raíces me hizo un bien inmenso, una forma de decirle al Señor: «Ya ves, 25 años después, la llama sigue intacta».
Rennes y el tiempo de la reflexión

La segunda etapa de esta peregrinación se vivió en comunión. Acompañadas por mis tres compañeras de camino —mis hermanas que también celebran su jubileo de plata en Francia—, fuimos invitadas a vivir un momento espiritual de una intensidad excepcional.
Bajo la guía bondadosa de nuestra Hermana Provincial de Francia, nos detuvimos para hacer una reflexión sobre nuestros 25 años de vida consagrada. En ella pudimos ver la fidelidad inquebrantable del Señor, Su perdón, Su apoyo, y la belleza de una alianza que atraviesa las etapas de la vida. Fueron momentos de silencio y de profundo intercambio. Luego compartimos la alegría de estar con las hermanas de Rennes, cuya acogida maravillada y fraternal nos llenó el corazón de calidez.
Bignan, en los orígenes del carisma

Nuestro recorrido continuó luego hacia Bignan, la primera casa de las Hijas de Jesús de Kermaria. Seguir los pasos de los fundadores es una experiencia que conmueve profundamente. Comenzamos con una hermosa misa en la capilla donde descansa el corazón del padre Coëffic.
Tuvimos el privilegio de visitar los lugares sagrados de nuestra historia común, en particular la habitación de la Madre María de San Carlos.
Gracias a las esclarecedoras explicaciones de las hermanas de Bignan, el carisma de nuestra congregación se nos reveló con renovada fuerza. La jornada continuó con un refrigerio marcado por una inmensa fraternidad, un momento de comunión sencilla y alegre que disfruté mucho.
Hacia Kermaria

Es la apoteosis de la fiesta y la comunión universal.
El punto culminante de nuestra peregrinación nos llevó a Kermaria, nuestra Casa Madre, para la tan esperada celebración. Allí se llevó a cabo la gran misa de acción de gracias por nuestros 25 años. Fue una eucaristía de una belleza sobrecogedora, acompañada por cantos polifónicos que se elevaban alegremente en francés, congoleño, marfileño y bretón.
El momento de la procesión de las ofrendas fue un instante de pura gracia: vibrante, rítmica y colorida, se llevó a cabo al estilo tradicional africano, llevando a los corazones a una alabanza festiva y agradecida. Después de la comunión, la emoción volvió a invadir a la congregación cuando la familia de una de nosotras nos obsequió a cada una de las jubilares un magnífico ramo de flores en acción de gracias, un delicado símbolo de su afecto y apoyo durante estos veinticinco años.
Un momento de convivencia

Después de esta celebración inolvidable, la fiesta continuó al aire libre. Nos reunimos todos en el patio para compartir la tradicional copa de la amistad con nuestros invitados, nuestras hermanas y los miembros de algunas familias que asistieron a la ocasión.
A este momento de cálido reencuentro le siguió una comida en el gran salón de Kermaria. Este banquete fraternal, sencillo y abundante a la vez, se desarrolló en un ambiente particularmente alegre y cordial.
Para cerrar estas horas memorables, nos tomamos el tiempo de recorrer los diferentes espacios llenos de historia de Kermaria. Todo transcurrió y concluyó de manera magnífica, envuelto en un clima de paz, alegría radiante y profunda bondad.
Un llamado del corazón

¿Y tú, dónde te espera el Señor?
Al compartir con ustedes las maravillas de este jubileo, mi deseo más sincero es llegar a sus corazones. Tú que lees estas líneas, ya seas un joven en busca de orientación o un alma en busca de sentido, quiero decirte que el Señor tiene un plan de amor único para tu vida. ¡No tengas miedo de responder a Su llamado!
Si sientes el deseo de consagrar tu vida a Dios, te invito con inmensa alegría a que vengas a conocer la Congregación de las Hijas de Jesús. Es una familia religiosa extraordinaria donde uno se siente profundamente a gusto, plenamente acogido y sinceramente amado. Aquí, la fraternidad no es una palabra vacía: es una realidad cotidiana en la que crecemos juntas, apoyadas por la oración y el cariño de nuestras hermanas. ¡Ven y compruébalo! Déjate amar y abraza esta hermosa misión al servicio de Cristo.
Mi canto de alegría y ofrenda
Para sellar estos 25 años de fidelidad y dirigir mi mirada hacia el futuro con confianza, mi corazón sigue cantando este estribillo de entrega total al Señor:

«Padre, aquí estoy sin demora, sin reservas, sin vuelta atrás.
Padre, aquí estoy para servir a los designios de tu amor».
Canto compuesto por una Hija de Jesús de Vaylats.
A Ti, Señor, la gloria por los 25 años transcurridos, y a Ti mi «Sí» renovado para todos los que vendrán.
Hermana Irene Kouassi, fj
Daoukro, Costa de Marfil

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