Amoin Maxime Kouakou, novicia de segundo año en la Congregación de las Hijas de Jesús, comparte su experiencia de su pasantía en la Comunidad de Quimper Francia.
Enviada a mi pasantía comunitaria, es con un espíritu de acogida y apertura, que yo me fui con confianca, abiertura y disponibilidad.
Construyendo comunidad
Como novicia en la congregación, esta pasantía en Quimper fue una experiencia muy enriquecedora. Este paso me permitió ampliar mis horizontes al dejarme guiar, para descubrir otra forma de vida para las Hijas de Jesús. Construir comunidad con Hermanas mayores, ricas en sabiduría, fue un desafío para mí para enfrentar esta realidad que se vive hoy dentro de la congregación… una experiencia inicialmente difícil, pero alentadora y una fuente de motivación en mi camino.
Aprendiendo sobre la vida fraterna

Con las hermanas, aprendí a apreciar el valor de la vida comunitaria, la importancia de cuidarnos unas a otras, escuchar, apoyar y servir. Como novicia, creo que aporté una energía juvenil a través de mi dinamismo y al compartir mis cualidades y talentos. Me sigue conmoviendo profundamente la actitud de la comunidad hacia las personas vulnerables que acogen y el tiempo que dedican a escuchar, especialmente a quienes tienen dificultades para expresarse. «Se trata de ver todo desde la perspectiva de los pobres».
Actuar en el corazón de la misión
Una vez que llegué a la comunidad, las hermanas me ofrecieron varias oportunidades misioneras que querían que emprendiera:
– Extensión comunitaria
Participar en la extensión comunitaria con voluntarios me permitió salir a las calles para encontrarme con la gente que vive allí, ofreciéndoles un café, un poco de compañía y una sonrisa.
Esta experiencia me abrió los ojos a la pobreza en Francia, de la que sabía poco. Para esta misión, estas personas necesitan ser escuchadas, recibir una mirada amorosa, ternura y compasión.
«El hombre se detuvo, lo cuidó y le vendó las heridas». Fue esta frase del Buen Samaritano en el Evangelio la que me acompañó durante cada visita de extensión comunitaria.
-los niños con dificultades (falta de concentración y comportamiento disruptivo),
me invitan a:
- Ser atenta
- acercarme des unos y de otros
- a abrirme a más descubrimientos,
Estos momentos pasados con estas personas han revelado en mí una sensibilidad invitándome a descubrir el rostro y el amor de Dios. Las actividades. en la escuela Sainte-Thérèse, en particular, sentí este espíritu de acogida y apertura. Es gracias a la presencia de las Hijas de Jesús que estos valores se siguen practicando hoy en día. «Esforzarse por ver todo en Dios para avanzar en la humildad, en el amor a nuestro Señor, y mantener la caridad y la gentileza hacia el prójimo, virtudes
– Los animadores

Participar en los animadores fue una de las experiencias que me ha permitido salir en las calles para ir al encuentro de las personas para ofrecerles un café, um poco de compaia y una sonrisa
Esta experiencia me abrió los ojos sobre la pibreza en Francia que yo conocia poco. Por esta misión, estas esons necesitan escucha, una mira de amor, de ternura y compasión.
“El hombre se detuvó, lo cuidó y cuidó sus.
-La Ehpadn
Mi compromiso a Ehpad es una des las misiones que m´a revelado el sentido profundo de Honrar la Santa Humanidad del Hijo de Dios.
Al vivir esta misión, fui invitado a:
– estar atenta,
– acercarme a los demás,
– estar abierto a nuevos descubrimientos.
Estos momentos compartidos con estas personas revelaron una sensibilidad en mí, invitándome a descubrir el rostro y el Amor de Dios. Las diversas actividades, como pelar verduras (zanahorias, patatas, cebollas, salsifí, etc.), juegos de mesa y salidas con los residentes, brindaron oportunidades para ayudarlos a salir de su propio mundo, de su soledad y su aislamiento.
– La Escuela:

Este también fue un tiempo rico en aprendizaje y descubrimiento que viví en dos escuelas diferentes. Mi rol era apoyar a niños con dificultades (falta de concentración y comportamiento disruptivo), lo que me exigió:
– comprenderlos,
– ser paciente y atento, y
– prestarles mayor atención a cada uno. En la Escuela Sainte-Thérèse, en particular, sentí este espíritu de acogida y apertura.
¿Es gracias a la presencia de las Hijas de Jesús que estos valores aún se practican hoy en día?

«Me esfuerzo por ver todo en Dios para avanzar en humildad, en amor a nuestro Señor y para mantener la caridad y la gentileza hacia mi prójimo, virtudes que tienden a disminuir cuando me miro a mí mismo o a cualquier otra cosa fuera de Dios.»
MMSCH 02/11/1869
Amoin Maxime KOUAKOU,
Paris, France

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