En Limoges, en el distrito de Beaubreuil, una filial de Secours Catholique (Servicios del Socorro Católico) ha reabierto sus puertas gracias al compromiso de voluntarios. Más allá de la ayuda material, encarna una verdadera misión de acogida y dignidad humana, haciéndose eco del carisma de las Hijas de Jesús: «Honrar la Santa Humanidad del Hijo de Dios».
Una filial relanzada tras las dificultades
Secours Catholique est â bien presente y activa en muchas ciudades de Francia. Una de sus filiales ha abierto en el distrito de Beaubreuil de Limoges, donde se ubica la comunidad.

Cerrada tras la demoliciôn de varias viviendas sociales HLM, la filial de Beaubreuil permaneciô inactiva durante dos años, hasta que se ofreciô un espacio. Gracias a dos voluntarios, este espacio fue renovado. Pero durante los dos años de cierre, se mantuvieron atentos a las personas que se benefician de los servicios de esta filial.
Un lugar discreto pero acogedor
Aunque el exterior de la sucursal no llame la atenciôn de inmediato, el interior es mucho mâs acogedor.

Siete voluntarios participan en la iniciativa, divididos de la siguiente manera:
. quatro atienden a quienes vienen a llenar sus bolsas o cestas de comida,
. y tres se encargan de la acogoda, recibiendo a quienes vienen por primera vez o con quienes necesitan evaluar su situación.
¿Cuántas personas necesitan ayuda, sufriendo a menudo un dolor oculto?
¡Pero también cuánta valentîa!
Una fraternidad que se vive a diario
Entre los voluntarios, tres son de religiôn musulmane. Una noche, durante la ruptura del ayuno del Ramadân en casa de Jean-Marie, el gerente, se presentô una hermosa oportunidad para la fraternidad y el compartir. Esa noche, de hecho, volvimos a felicitar a Lina por su cumpleaños, que habîa celebrado con su familia unos dîas antes.

Honrando a cada persona en su dignidad
A travês de estos sencillos gestos. acoger, escuchar, compartir, los voluntarios viven concretamente una misiôn profundamente evangêlica. Su compromiso se alinea con el carisma de las Hijas de Jesús: «Honrar la Santa Humanidad del Hijo de Dios».

Al reconocer la dignidad de cada persona, especialmente de las más vulnerables, dan testimonio de que cada rostro que encuentran lleva en sî la humanidad que Cristo asumiô. Asî, en la quietud de la vida cotidiana, se despliega una presencia de amor, respeto y fraternidad.
Hna. Michelle, hj,
Limoges, Francia

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